El tratamiento con células madre de médula espinal modificadas podría ayudar a los pacientes que ha sufrido un trasplante de riñón a deshacerse de fármacos inmunosupresores y, de esta manera, mejorar considerablemente su calidad de vida.

Así lo sugiere un nuevo estudio realizado en un pequeño grupo de personas que se publica en Science Translational Medicine y cuyos hallazgos parecen mostrar que sí es posible reducir o eliminar los fármacos inmunosupresores tóxicos -hasta 15-25 pastillas al día- que necesitan la mayoría de los pacientes que han recibido un injerto renal durante el resto de sus vidas para prevenir el rechazo.

El equipo de la Universidad de Louisville (EE.UU.) explica que debido a que el sistema inmunológico se ha desarrollado para combatir infecciones, y no para aceptar órganos extraños, las células inmunes no son capaces de diferenciar entre un invasor «bueno» o uno «malo». Por ello, se emplean inmunosupresores para controlar la respuesta inmunológica y resultan esenciales para mantener órganos extraños en el organismo sin que se produzca rechazo; sin embargo, tienen efectos secundarios tóxicos como hipertensión, diabetes y un mayor riesgo de infecciones.

Células de diseño

Los investigadores han probado evitar el rechazo mezclando células madre de la médula espinal de ambos, receptor y donante, pero este proceso puede desencadenar lo que se denomina enfermedad de injerto contra huésped (GVHD, por sus siglas en inglés), en la que las células inmunológicas del donante atacan los tejidos sanos del receptor. Ahora, el equipo de Joseph Leventhal ha administrado a los pacientes versiones bio-diseñadas de sus propias células madre de médula espinal durante trasplante de riñón y han visto que previene la GVHD.

Primero trataron a ocho pacientes con fármacos que extrajeron a las células madre de la médula espinal. A continuación, los investigadores modificaron dichas células y las convirtieron en más compatibles, enriqueciéndolas con células facilitadoras de injertos y eliminando ciertas células causantes de la enfermedad de injerto contra huésped. Dos semanas más tarde, los pacientes recibieron un trasplante de riñón y las células madre de médula espinal diseñadas específicamente. Sorprendentemente, cinco de los ocho pacientes mantuvieron una función renal normal a largo plazo y dejaron de tomar inmunosupresores en menos de un año.

Estos datos podrían potencialmente liberar a algunas personas de las complicaciones asociadas con los inmunosupresores y convertir al trasplante como una opción viable para pacientes sin donantes compatibles.

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