Sentir miedo no se relaciona con valentía o cobardía, es una respuesta de adaptación del ser humano en defensa de su integridad física y emocional. El miedo es uno de los principales detonadores del estrés.

A su vez, el estrés es un aliado que activa nuestras defensas físicas y mentales para actuar en momentos críticos; sin embargo, si éste se prolonga puede convertirse en nuestro peor enemigo, ya que puede desencadenar o exacerbar enfermedades como la gripe, alergias, trastornos por ansiedad, hipertensión, depresión y deficiencias en el sistema inmunológico.

Pasar de la salud a la enfermedad depende de qué tan fuerte o débil se encuentra nuestro sistema inmunológico, pues éste es el encargado de combatir virus, bacterias y otros agentes patógenos que atacan al organismo.

Benjamín Domínguez Trejo, especialista de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que al momento de estresarse, el cerebro envía un mensaje a través de la médula espinal hasta el núcleo de las glándulas suprarrenales para que produzcan adrenalina, la hormona de lucha o huida.

“Se reduce la sensación de dolor. La memoria y el pensamiento mejoran para buscar la mejor solución al problema”.

Asimismo, dijo, las pupilas se dilatan para optimizar la visión, los pulmones absorben mayor cantidad de oxígeno y el hígado almacena glucosa. Los intestinos detienen la digestión para permitir mayor energía a los músculos y “la producción de defensas se suprime”.

El ritmo cardiaco y la presión sanguínea aumentan, el corazón bombea más sangre llevando más oxígeno al organismo.

Minutos después, el cuerpo pasa a la fase de recuperación; en ésta la glucosa almacenada en el hígado se convierte en energía útil. El cerebro ordena a las glándulas suprarrenales la producción cortisol, la hormona encargada de regular el metabolismo.

El especialista subrayó que la activación frecuente de estos cambios tiene una repercusión en la salud, debido a que la supresión de las células defensoras debilita la resistencia a la enfermedad.

El trabajo excesivo del corazón con el aumento del ritmo cardíaco y la elevación de la presión arterial daña la elasticidad de los vasos sanguíneos.

“La producción excesiva de cortisol puede reducir la capacidad cognoscitiva (la habilidad para expresar pensamientos y sentimientos mediante la palabra, así como para tomar decisiones adecuadas) y provocar estados de ira o depresión”.

Por ello, recomendó modular dichos cambios con la ayuda de fármacos, recetados por un especialista y regulación emocional, a través de  meditación, terapia o pasatiempos que nos resulten agradables. Y tú, ¿cuáles consideras que son tus efectos del estrés?

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