Un fármaco aprobado por la agencia norteamericana del medicamento (FDA, en sus siglas en inglés) para el tratamiento del asma mejora la función cognitiva en un modelo de ratón con síndrome de Down, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, y publicado en ‘Biological Psychiatry’.

La droga, un fármaco para el asma llamado formoterol, provoca el fortalecimiento de las conexiones nerviosas en el hipocampo, un centro cerebral utilizado para la navegación espacial, prestando atención y promoviendo la formación de nuevos recuerdos, según el estudio. También mejoró el aprendizaje contextual, en el que el cerebro integra la información espacial y sensorial.

Tanto la función del hipocampo como el aprendizaje contextual, que se ven afectados en el síndrome de Down, dependen del buen suministro del neurotransmisor norepinefrina que tiene el cerebro. Este neurotransmisor envía su señal a través de varios tipos de receptores en las neuronas, incluyendo un grupo llamado beta-2 receptores adrenérgicos.

«Este estudio proporciona la primera prueba de concepto de que la orientación de los receptores beta-2 adrenérgicos para el tratamiento de la disfunción cognitiva en el síndrome de Down podría ser una estrategia eficaz», dijo Ahmed Salehi, autor principal del estudio y profesor asociado clínico de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento.

El síndrome de Down, que es causado por una copia extra del cromosoma 21, da lugar a problemas tanto físicos como cognitivos. Si bien muchos de los problemas físicos, como la vulnerabilidad a tener problemas de corazón, ahora pueden ser tratados, no existe terapia para la mala función cognitiva. Como resultado, los niños con síndrome de Down tienen atrasado el desarrollo cognitivo en comparación con sus pares.

Además, los adultos con síndrome de Down desarrollan Alzheimer, un tipo de patología en el cerebro principalmente de las personas mayores, a los 40 años de edad. El síndrome de Down afecta a cerca de 400,000 personas en Estados Unidos y a seis millones en todo el mundo.

europapress.es